Mental Illnesses Treatment Support & Programs NAMI Advocacy Find Your Local NAMI NAMIWalks
Search
 | Print this page | 
 | 

Entre amigos

En la cárcel

Por Daniel Owens, NAMI

Otoño 2008

En el otoño de 2005, desperté en una celda de confinamiento solitario. Mi único contacto con otras personas era a través de la ranura en la puerta por la que recibía los alimentos y mis medicamentos. Me sentía solo, aislado y con miedo. Me preguntaba a mí mismo: ¿Cómo terminé en la cárcel?

Veinte años antes, a la edad de veintisiete, había sufrido un episodio maníaco con características psicóticas y me diagnosticaron desorden bipolar tipo I. Respondí bien al tratamiento con litio que recibí durante diez años y viví una vida estable y productiva. Después, al intentar dejar el medicamento bajo supervisión psiquiátrica, sufrí una recaída. Esto hizo que los próximos diez años fueran como una montaña rusa.

Entre algunas crisis y el uso de varios medicamentos, terminé de estudiar en el seminario y me ordenaron ministro. Me mudé a California para comenzar mi trabajo como pastor de una congregación. Lamentablemente, no respondía bien a los medicamentos y, puesto que no me recetaron un antipsicótico, presenté hipomanía. Como sabía que estaba enfermo, renuncié a mi puesto en la iglesia. Mi manía empeoró y, por primera vez en mi vida, tuve problemas con la policía. Mis padres trataron de aconsejarme, pero yo no los escuchaba. Fui arrestado bajo un cargo mayor e intenté evadir el arresto provocando una persecución de varios automóviles a alta velocidad. Estaba asustado y paranoico. Finalmente me detuve y se me asignó confinamiento solitario por mi bien y el de los otros.

El defensor público asignado al caso les aconsejó a mis padres que no me sacaran bajo fianza. Él consideraba que, de acuerdo con mi comportamiento, no había garantía de que cooperaría al estar en libertad. En la cárcel, al menos, tendría alimento, medicamentos y un techo. A pesar de que pudiera sentirme solo, estaba seguro.

Cuando me presenté delante del juez, el fiscal fue muy duro conmigo. Dijo que había sido un milagro que nadie hubiera muerto durante la persecución a alta velocidad. Por eso, aunque tenía veinticuatro cartas de referencia que hablaban sobre mi carácter, fui sentenciado a dieciséis meses de prisión, que podían reducirse a la mitad si observaba buen comportamiento. El abogado defensor hizo referencia a los años que yo le había dedicado al servicio a los demás y trató de que el juez considerara mis acciones como consecuencias de mi enfermedad; pero no lo escucharon. Mi condición de salud mental no fue considerada en este caso. Así que tuve que pasar los próximos nueve meses en la cárcel.

Al salir en libertad condicional, me mudé a Oregón para estar cerca de mi familia y de mis amigos. Ahora conozco la importancia de contar con una red de apoyo. Me he convertido en alguien que aboga por los enfermos mentales. Soy co-facilitador de un grupo de apoyo de NAMI, hago presentaciones para el programa «En Nuestra Propia Voz» y soy mentor en el programa de educación «Persona-a-Persona».

La policía de mi comunidad local es anfitriona del adiestramiento sobre el Equipo de Intervención de Crisis (CIT, por sus siglas en inglés). Durante el adiestramiento yo haré la presentación de “En Nuestra Propia Voz”, donde compartiré mis experiencias personales.

Yo no creo que las cárceles sean el mejor lugar para atender a los enfermos mentales. Debemos luchar para que las personas encarceladas estén en mejores condiciones y tengan la oportunidad de participar en consejería y en grupos de recuperación. Al mismo tiempo, debemos evitar que los pacientes mentales tengan problemas con la justicia desarrollando programas comunitarios y estableciendo más Cortes de Salud Mental.

El estar encarcelado me enseñó, de manera muy dura, a tomar en serio mi enfermedad mental. Hoy quiero hacer todo lo que esté en mis manos para evitar que otros pacientes mentales tengan que pasar por la pesadilla que significa estar en prisión.

In Jail

Daniel Owens shares his personal experience of incarceration after facing difficulty in finding the right medication his illness escalated. In the fall of 2005, Daniel woke up in solitary confinement, feeling alone and scared, wondering, “How did I end up in jail?” though he realized that in jail he would be safe. When his case went to trial, the defense attorney’s argument to urge the judge to provide Daniel with treatment for his illness was not heard and Daniel spent nine more months incarcerated. After parole, he moved to Oregon and found an important support network of family, friends, and NAMI.

 


 | Print this page | 
 | 

Donate

Support NAMI to help millions of Americans who face mental illness every day.

Donate today

Speak Out

Inspire others with your message of hope. Show others they are not alone.

Share your story

Get Involved

Become an advocate. Register on NAMI.org to keep up with NAMI news and events.

Join NAMI Today
  • Follow NAMI
  • Contact Us
    • NAMI
    • 3803 N. Fairfax Dr., Suite 100
    • Arlington, Va 22203
    • Main: (703) 524-7600
    • Fax: (703) 524-9094
    • Member Services: (888) 999-6264
    • Helpline: (800) 950-6264