NAMI - National Alliance on Mental Illness Home | About NAMI | Contact Us | En Espanol  | Donate  
Find
  Advanced Search  
 

Sign In
myNAMI
Communities
Register and Join
Donate
What's New
State & Local NAMIs
Advocate Magazine
NAMI Newsroom
NAMI Store
NAMIWALKS
National Convention
Special Needs Estate Planning
NAMI Travel

 ¡Avanzamos!
  2006
  2007
  2008
  Avanzamos 2009
  2010

Print this page
Graphic Site
Log Out
 | Print this page | 
 | 
20077

Mentes sanas

Viviendo con el desorden bipolar

Por Raffaello Accardo, miembro de NAMI New Jersey

Verano 2007

Mi nombre es Raffaello Accardo y tengo diecinueve años de edad.  Nací en los Estados Unidos, mi madre es colombiana y mi padre es de origen italiano. Mis padres se divorciaron cuando yo era muy pequeño como consecuencia del alcoholismo de mi padre.  Cuando tenía cuatro años, me diagnosticaron «trastorno generalizado del desarrollo» (Pervasive Developmental Disorder).  Esto fue después de muchas citas con diferentes profesionales que al final se reunieron y le dieron la noticia a mi mamá.  

Mi madre dice que tuve un desarrollo infantil normal, pero cuando fui al jardín de infantes o «kindergarten» las maestras comenzaron a preocuparse porque yo prefería jugar solo y no con los otros niños.  Como ellas no conocían con exactitud la causa de mis actitudes, pensaron que podían ser problemas con el idioma y me refirieron a una terapista del habla.  Después de muchas terapias del habla, ingresé a una escuela primaria regular. Allí tuve problemas; entonces, mi madre habló con el director de la escuela y decidieron ubicarme en un grupo especial, junto a otros tres chicos que presentaban problemas similares.  Gracias a esta decisión, progresé bastante en esta escuela.  Luego que aprendí a leer y a escribir, me ubicaron en un grupo regular.  Allí establecí amistad con unos estudiantes asiáticos.    

Más tarde, tuvimos que mudarnos a otro pueblo, por lo que me matricularon en otra escuela.  Este cambio de ambiente escolar provocó que volviera a sentirme de nuevo como un extraño y, consecuentemente, mi comportamiento se tornó agresivo.  Ante esta situación, las autoridades escolares me refirieron a una evaluación psiquiátrica.  De esta forma, se me diagnosticó trastorno bipolar.  Como no recibimos apoyo de la administración escolar, mi mamá se dio a la tarea de buscarme escuelas especiales, pero ninguna de ellas se ajustaba a mis necesidades particulares. Finalmente, por medio de la asesoría legal que recibió mi madre, ella consiguió que el sistema escolar accediera a costear los gastos de una escuela privada.

Esta escuela privada fue bastante buena  porque allí tenían muchachos superdotados mezclados con muchachos especiales y se enfocaba mucho en la socialización, las artes y el trabajo manual.  Como a mí me gustaba mucho dibujar, yo pasaba las horas dibujando.  Tiempo después, al terminar la primaria, el distrito decidió ubicarme en la preparatoria del pueblo aledaño porque era una escuela muy buena.  A pesar de que esta escuela me gustaba, desafortunadamente comencé a tener problemas porque me dediqué a dibujar algunas cosas no muy apropiadas para mi edad y las autoridades escolares consideraron que dichos dibujos no eran adecuados para el ambiente escolar.  Así pues, primero me suspendieron, pero después optaron por transferirme a una escuela especial.  La experiencia en esta escuela no fue muy positiva porque sentía que no aprendía nada por la falta de disciplina.

Por esta situación, fui cambiando de una escuela a otra, pero consideraba que cada vez era peor.  Así, como ni mi madre ni yo estábamos conforme con el tipo de educación que estaba recibiendo, decidí asistir a la biblioteca para complementar mis estudios por mis propios medios.   Esto me ha ayudado muchísimo, no sólo en el aspecto intelectual, sino en el personal porque por medio de la lectura de documentos informativos he aprendido a convivir con el trastorno bipolar.

Aunque a veces parecía imposible, en junio me graduaré de la preparatoria y, si Dios lo permite, pienso solicitar admisión a una escuela de arte para continuar haciendo lo que más me gusta:  dibujar.  Sé que con fe en Dios, con el apoyo de mi familia y de nuestras amistades voy a lograr mis metas y podré defenderme por mí mismo.

Living with Bipolar Disorder

At age 4, Raffaello Accardo was diagnosed with a Pervasive Developmental Disorder. He required special attention at school and progressed successfully, but Raffaello’s behavior started to change and he became more aggressive. His school ordered a psychiatric evaluation, resulting in a diagnosis of Bipolar Disorder. He transferred to a private school, where he began to work on his socialization skills and gain interest in drawing and playing the piano. He was able to reenter the public school system, but the onset of puberty introduced new behavioral challenges. Raffaello transferred schools yet again and began having problems with teachers. With the help of his mother, he has learned to live with his illness and he is doing well in school. Raffaello will graduate in June and hopes to continue studying art.

 


 | Print this page | 
 | 

Donate

Support NAMI to help millions of Americans who face mental illness every day.

Donate today

Speak Out

Inspire others with your message of hope. Show others they are not alone.

Share your story

Get Involved

Become an advocate. Register on NAMI.org to keep up with NAMI news and events.

Join NAMI Today
Home  |  myNAMI  |  About NAMI  |  Contact Us  |  Jobs  |  SiteMap

Copyright © 1996 - 2011 NAMI. All Rights Reserved.