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20083

Enfoque

Una vergüenza nacional: jóvenes con enfermedades mentales en el Sistema de Justicia Juvenil

Por Dana Markey, Coordinadora del Centro de Acción de Niños y Adolescentesde NAMI

Otoño 2008

Uno de cada diez jóvenes en Estados Unidos tiene una enfermedad mental severa. Sin embargo, aproximadamente una tercera parte de ellos no recibe ningún servicio de salud mental; menos aún recibe el cuidado apropiado. Los jóvenes latinos tienen peor suerte porque son el grupo étnico que tiene menos probabilidades de recibir este tipo de servicios. De hecho, el ochenta y ocho por ciento de los jóvenes latinos que necesitan tratamiento de salud mental no recibe ningún tipo de tratamiento. Los jóvenes latinos representan el veinte por ciento de la población del sistema de justicia juvenil.

¿En dónde acaban los niños y los adolescentes que no reciben el tratamiento mental que necesitan? Muchos terminan en el sistema de justicia juvenil. Es alarmante que el setenta por ciento de la población del sistema de justicia juvenil tenga algún tipo de desorden de salud mental y que el veintisiete por ciento tenga un desorden mental tan severo que requiere tratamiento significativo e inmediato.

Muchos de estos jóvenes están encarcelados por ofensas menores, no violentas, y a muchos otros no se les ha sometido cargos criminales. A pesar de tener una población tan grande de jóvenes que necesitan tratamiento de salud mental, muchos centros de justicia juvenil tienen poca o ninguna capacidad para proveer tratamientos de salud mental y de abuso de sustancias.

Los jóvenes que tienen enfermedades mentales son encarcelados diariamente debido a la fragmentación del sistema de salud mental de nuestro país. Con frecuencia, no hay alternativas disponibles que estén basadas en el hogar o en la comunidad, o no hay manera de utilizar sistemas adecuados de evaluación que permitan identificar efectivamente a los jóvenes que necesitan tratamiento de salud mental y que hagan posible transferirlos del sistema de justicia hacia las instituciones mentales.

Esta crisis se agrava por la dependencia que existen entre el sistema educativo y el de justicia juvenil. En muchas ocasiones, el personal escolar llama a la policía cuando un estudiante está experimentando una crisis psiquiátrica porque no conoce otras opciones o porque carece del adiestramiento necesario para tratar personalmente la situación.

La crisis del sistema juvenil puede remediarse si se hace un compromiso de reforma. Existen muchas opciones efectivas y disponibles para prevenir que los jóvenes con enfermedades mentales entren al sistema de justicia juvenil en primer lugar. Necesitamos desarrollar programas de intervención de crisis que sean efectivos para que el personal escolar y comunitario sepa actuar frente a una crisis psiquiátrica y tenga la capacidad de transferir al sistema de salud a los jóvenes con problemas legales.

Por otra parte, es importante evaluar lo antes posible (preferiblemente al tener su primer contacto con la ley) a los jóvenes que están bajo la jurisdicción de la corte por ofensas repetidas no criminales, de manera que se puedan transferir a aquellos que necesiten tratamiento mental hacia los servicios basados en el hogar y en la comunidad que respondan mejor a sus necesidades.

Las escuelas son un socio importante en la lucha por evitar que los jóvenes con enfermedades mentales sean innecesariamente procesados en el sistema de justicia juvenil. Por eso, es imprescindible que se implementen programas de intervención de crisis que apoyen efectivamente a los estudiantes que experimentan síntomas psiquiátricos. El “conducto” que lleva de la escuela a la prisión debe romperse, para que los estudiantes que necesitan tratamiento mental puedan recibirlo.

Las personas con enfermedades mentales que no hayan cometido ofensas violentas simplemente no deben estar en costosos centros de justicia juvenil, ya que sus hogares y sus comunidades pueden satisfacer más efectivamente sus necesidades. Es una tremenda irregularidad que el sistema de justicia juvenil se haya convertido en el “sistema de salud mental de facto”, especialmente para los jóvenes latinos. Si hubiera compromiso de reformar el sistema de justicia juvenil y de desarrollar un sistema de salud mental efectivo, el futuro de los jóvenes que viven con enfermedades mentales mejoraría dramáticamente, hasta el punto de poder vivir plena y productivamente. A nadie se le debe negar este derecho.

A National Shame: Youth with Mental Illnesses in the Juvenile Justice System

All too likely, children and adolescents who fail to receive needed treatment for mental illnesses end up in the juvenile justice system. Alarmingly, 70 percent of the juvenile justice population meets the criteria for at least one mental health disorder and 27 percent have a mental disorder so severe that they require significant and immediate treatment. Dana Markey offers suggestions on how the juvenile justice crisis can be remedied througha commitment to system reform.

 


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